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Deporte en casa

El golf en tiempos de aislamiento

513 11 de junio de 2020 0 Decathlon
Apenas comenzó el aislamiento, el temor por no saber cómo íbamos a practicar nuestro deporte favorito inundó nuestras mentes y llenó de desilusión todos nuestros planes. Aunque al principio fueron días difíciles, nada de esto permitió que nuestro entusiasmo de jugar golf de nuevo desmoronara por no salir a los muchos campos de golf que hay en Bogotá y sus alrededores. Nuestra pasión trascendió más allá del aislamiento universal. 

Recuerdo aquel día, donde aquellas palabras retumbaban mi mente “a los golfistas no siempre nos comprenden” , lo repetía en mi mente una y otra vez mientras que mi mamá nos regañaba por el desorden que habíamos hecho. Para nosotros no era desorden, para nosotros era la perfección hecha realidad, ni el mismísimo Pete Dye había diseñado un campo de golf con tanta precisión; sin embargo, para mi madre, no eran más que ollas, libros y cestas de basura distribuidas por toda la casa. 

Mi hermano, mi padre y yo tratábamos de memorizar cada hoyo para repetirlo la próxima vez que mi mamá saliera a hacer mercado. Sí, leyeron bien, mi padre hacía parte del comité organizador del súper campo de golf, y es más, era el diseñador en jefe de ese dolor de cabeza de mi mamá. A veces pienso que a mi mamá le tocó muy duro, dos hijos y un marido que hablaban de golf durante todo el día. Pero qué más da, eso pasa cuando vives con tres amantes del golf. 

 

Apenas comenzó el aislamiento, el temor por no saber cómo íbamos a practicar nuestro deporte favorito inundó nuestras mentes y llenó de desilusión todos nuestros planes. Aunque al principio fueron días difíciles, nada de esto permitió que nuestro entusiasmo de jugar golf de nuevo desmoronara por no salir a los muchos campos de golf que hay en Bogotá y sus alrededores. Nuestra pasión trascendió más allá del aislamiento universal. 

Para nuestra felicidad, ya habíamos comprado el Putting Set en Decathlon, pero queríamos ir más allá. Claro, estábamos limitados a un apartamento promedio, así que pensar en usar, siquiera un hierro corto, era absurdo; sin embargo, un wedge con un swing corto nos daría la altura perfecta para superar los obstáculos. 

Cada hoyo contaba con un nivel de dificultad diferente, greenes impredecibles (encima de la cama), ollas que usábamos como “trampolín” para que la bola cambiara de dirección, baldes con agua (simulando lagos) y, en algún momento alcancé a pensar en usar la arenera de mi gato como un búnker, pero ya se imaginaran la cara de mi hermano y mi padre cuando se los propuse. 

El campo se jugaba, únicamente, con cuatro palos: un putter, un 52o, un 56o y un 60o. Y si por casualidad pensaron que usábamos bolas normales, están locos. Sabíamos que mi mamá nos regañaría por el desorden, no le íbamos a sumar un vidrio roto. Así que usamos bolas de espuma, perfectas para la práctica de golf en interiores. 

 

Esto era un Tour, nos estábamos jugando el todo por el todo, y solo se definía hasta el último hoyo. Créanme, esto era muy serio, estábamos apostando a lavar loza por una semana, no era poca cosa. Mi papá, como siempre, un crack, nos llevaba ventaja, así que esto era entre mi hermano y yo. Poco antes de saber quién era el afortunado, mi mamá entró. Creo que ya se imaginan cómo terminó esta historia.

 

Mario Orozco

 SLO golf – Tienda Decathlon El Edén

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